domingo, 16 de abril de 2017

Despertar






Despertó entre sudores, aún dolorido tras el sometimiento de su amada, la excitación le acompañó el resto de la noche, más cuando al mirar a su izquierda ella dormía desnuda a su lado. Incorporándose se arrodilló detrás, la dureza que apenas le permitiera conciliar el sueño apuntaba ahora al culo de su querida niña, que sin embargo descansaba en calma. No tardó en levantárselo y abrirla con los pulgares, con uno dentro recuperó el bote de crema que antes había usado ella para someterlo, hundió el otro y lo pasó por su ano hasta empaparlo al tiempo que ella, ya despierta, levantaba las nalgas empopando su cuerpo y hundiendo la espalda para facilitar la maniobra. No dijo nada, se mostró dispuesta, feliz de que el Amo quisiera poseer lo que le pertenecía, solo agarró con fuerza la almohada sabedora de cómo era cada embestida cuando la tomaba de esa forma. Notó su brutalidad al entrar, la violencia de sus primeros envites, su agitación al hacerlo, amaba el sexo del hombre al que se había entregado y conocía cómo le gustaba follarla al despertar. Inclinó un poco más la espalda, bajando cuello, cerviz y cabeza al mismo tiempo que se valía del cabecero para empujarse y empujarla más dentro. Él se mantuvo arrodillado, las manos en sus caderas y la polla dentro, tan dentro como ella deseaba y la crema le facilitaba en el camino. Empalmado, reventado en sudores, húmedo y muy excitado, comenzó a moverla ahondando más en el poto de la hembra; ella acompasó sus gemidos con cada empujón, ya sin la violencia inicial pero tan profundos y duros que se arrebató sorprendida cuando él la sacó exigiéndole se volteara. Aún arrodillado, sus manos le atraparon las piernas al extremo de cabalgarlas sobre hombros mientras un puño le atravesó el ano. Dolía, ahogó un grito al sentirlo no siendo capaz de reprimir el segundo al notarlo girar dentro; se sabía invadida, violentada, sodomizada al extremo, terriblemente mojada y muerta de deseo por correrse. No lo hizo, jamás se atrevería a hacerlo sin su permiso y el estaba muy lejos aún de concedérselo. El puño la atravesó con mayor fuerza de lo que solo un momento antes había hecho su polla, la dilatación era tal que le pareció el Amo la penetrara de mano hasta la muñeca, ya no dolía pero entre crema y humedades a cada uno de sus movimientos notaba como si algo se rompiera de una forma salvaje por dentro. Le ordenó apretarse de nalgas y haciéndolo ella se orinó encima entre la sonrisa satisfecha del Dueño; siguió apretando hasta que en un movimiento seco sacó él chorreando el puño y se lo mostró complacido. Reposó las piernas sobre el lecho cerrando los ojos, todavía mareada le escuchó moverse sintiendo en la entrepierna el leve roce de los labios que cada noche ella adoraba. Labios, boca, dientes y lengua la tomaron entonces despacio, sin prisa ni urgencias, quiso pedirle la limpiara evitando en su boca el agrio sabor de orines, flujos y crema cuando un brutal orgasmo le asaltó llegando desde la espalda. Él ni se inmutó atreviéndose ella a posarse de manos sobre su cabeza empujándole la boca entre el cáliz abierto y sudoroso. Entregada, volvió a correrse ya liberada sintiendo, ya él de pie y desnudo a su lado, como una de sus manos le acariciaba sin prisa cuello, pómulos, mejillas y pelo.



1 comentario:

  1. Hay despertares palpitantes, como son tus letras.

    Un placer leerte, Petrus.

    Besos.

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