viernes, 3 de marzo de 2017

Rasurado








Le abrió las piernas. La espuma se confundió con la intensa humedad de su hembra, mucha ya aun antes de comenzar el ritual pactado, e incluso antes de que la extendiera en un cuidado masaje circular alrededor del sexo, tan cuidadoso y lento que a ella se antojó eterno el placentero previo a su afeitado. Desnudo el torso, su pantalón ya abultaba tanto que en su fuero interno deseaba no se prolongara demasiado la tarea antes de acabar follando a su perra.

No dudó un instante cuando recibió el mensaje informándole de la fecha, lugar y rito que marcaría el siguiente de sus encuentros. Él no planteaba ni preguntaba, ordenaba requiriendo su presencia y disposición como no podía ser de otra forma. Llevaba sin masturbarse desde entonces, había dejado crecer el vello púbico como le había ordenado. Desordenado, húmedo, desortijado y de intenso azabache desprendía su entrepierna el olor a sexo urgente y lascivia que sabía a su Amo endurecía. Perfumada, desnuda de cintura abajo, una tenue blusa de seda blanca le cubría el pecho. Pelo recogido, atadas las manos a la cabecera del potro y envuelta en aromas de sándalo y flores, regaló la última mirada a su Señor justo en el momento en que él recogía de la mesa auxiliar la afilada navaja de barbero puesta a remojo en agua hirviendo. Seguía humedeciéndose al tiempo que sus labios apenas acertaron a pronunciar un "te pertenezco" sintiendo el filo en el borde de su sexo. La hoja caliente apenas la rozó siguiendo una contracción brutal; respiró, no podía dejarse llevar. "Ni se te ocurra, puta", dijo mientras se afanó en un afeitado tan apurado como la reluciente chaira le permitía. Despacio, el pulso firme, los viajes del sexo al hirviente agua se acompañaban de sus suspiros cada vez más acelerados. "No te lo volveré a decir, aguanta". Se esforzó por mantener el cuerpo inmóvil, aunque el ardor en sus pezones comulgaba con el deseo de correrse. Él se incorporó dirgiéndose a cambiar el agua de la vieja bacía y, al regresar lo hizo ya sin pantalones. Admiró su cuerpo, la edad le había regalado una hermosa madurez, Depilado por completo, sólo su rostro dibujaba el perfil de una barba cuidada siendo éste el único vello de su cuerpo. Su sexo semejaba un hermoso bálano, libre y ya brutalmente duro. No se lo diría, pero estaba deseando penetrarla, invadir su sexo recién afeitado y llenarla por dentro. Se arrodilló de nuevo hasta completar su tarea deteniéndose a mirarla. Era de una belleza salvaje, amaba ese cuerpo moldeado a su antojo y que sabía sólo vivía para satisfacer cada uno de sus deseos por muy perversos que estos pudieran parecer. Lo había tomado cientos de veces de formas que antes pudieran parecer impensables para ambos y sin embargo la deseaba tan intensamente como el primer día.

Se inclinó para besarla y al tiempo la penetró con tal fuerza que el beso acabó en mordisco compartido en sus bocas con sangre y saliva. Casi no hizo falta empujar, tal era la dureza y el estado en que se encontraba, A ella el sexo le ardía tras el rasurado, sabía que no aguantaría mucho sin correrse, el pecho le latía con tal fuerza que el primer espasmo le llegó justo cuando su Dueño, incorporado de nuevo comenzó a follarle la boca, aplicó labios y dientes en acelerar el orgasmo del Amo. Lo sintió llegar antes incluso de llenarse la boca con su leche. El primero la salpicó sin control, dirigiendo él con sus manos el segundo a su pecho hasta atravesarle la garganta en el tercer espeso latigazo.


Desató sus manos, él seguía duro y ella mojada...





1 comentario:

  1. Me alegra descubrir que vuelve a escribir. Se añoraba a Majestic.

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