jueves, 16 de marzo de 2017

Néctar








Tensó las cuerdas con las que apenas unos minutos antes la había atado, abrió las ventanas permitiendo que la suave brisa del cercano mar les acompañara, cerró la puerta entreabierta con miedo de que su momento pudiera llegar a escaparse. Desnuda, desnudo, su ropa interior yacía empapada en el suelo de la estancia, la música que cuidadosamente había seleccionado antes de su llegada resonaba suavemente cuando un escalofrío recorrió su espalda. Admiraba el bellísimo cuerpo de su amada, sus intensos ojos, su piel blanca castigada por el sol y ahora atenazada en la presión del correaje al que ella había accedido; sin dejar de  temblar retiró las "bolas" de entre sus piernas, mojadas se las dio a probar antes de llevarlas también a su boca, su sexo, deseoso y endurecido como ya no recordaba, entorpecía cada movimiento; la escuchó gemir, rogar porque la tomara con urgencia pero esa noche él tenía por fin todo el control. Torpemente, tanto como temblor y nervios le obligaban, comprobó el tupido velo que ahora cubría sus ojos, avanzó hacia ella e introdujo dos de sus dedos en el océano embravecido de su hembra, los olió y saboreó antes de abrir con ellos levemente sus labios, ella los chupó casi instintivamente, rápida, ansiosa, su pecho se agitó a la espera de lo que sabía seguiría a aquellos dedos. Aún de pie, se acercó aún más a ella, agachándose para besarla antes de susurrarle al oído lo mucho que la deseaba; el anillo que ella misma le había colocado en la base del pene engrandecía casi groseramente su excitación. Lenta, muy lentamente se la introdujo penetrándole la boca siendo sus labios ya humedecidos los que empezaron a masturbarle al ritmo que él deseaba. Retiró la venda de su hermosa mirada y clavó sus ojos en ella. Brillaba con el mismo brillo que pudo percibir cuando le había regalado su primera imagen, con la misma belleza salvaje que reconoció en cada una de las fotografías que acompañaban su ausencia cada noche. Esta no era una noche más, ni la primera en la que su sudor se mezclaba en áromas de sándalo, vainilla, piel salada y sexo; no la primera en que su boca le hablaba de placeres prohibidos, ni era aquella la primera en que sus olores se travestían. Su cuerpo se vestía del suyo en la comunión tantas veces imaginada antes de la primera vez, y desde entonces soñada en cada lejano instante. Se retiró sin dejar de mirarla liberando sus manos para que éstas le guiaran a la entrada de su sexo, sus labios apenas la rozaron y un primer espasmo la sacudió siguiendo el primero de los suyos. No quería correrse, no aún, pero notaba que la llamada era ya demasiado intensa como para no hacerlo dentro. Se incorporó, respiró, abrió sus piernas brindándose ella en su humedad al total sometimiento; violentamente la penetró, empujando sus adentros con la rabia del que sabe está a punto de vaciarse; la oyó gemir, agitarse, notó su sexo tan empapado como endurecido y a punto de reventar el suyo, se frenó alargando el orgasmo mientras mordía los pezones de su hembra; en esa posición continuó empujando, empujando, penetrando como si aquella fuera la última vez. En un instante, un grito de ella, un gemido, un brutal espasmo naciendo en la cerviz y asaltando su espalda; un latigazo, un segundo, uno tercero más intenso si cabe la inundó a ella por dentro; néctar espeso, denso y potente quemándola; el cuarto le sacudió sin tregua nublando lo poco que aún acertaba a discernir; cerró los ojos y sacándola el quinto lo dirigió a su pecho, cubriendo el sexto por entero pecho y cuello hasta alcanzar, llenar y someter la boca de su amada.


(Sueño de amor infinito, aquel que se trasluce en días de ausencia, deseo y excitación, aquel sueño en el que estás tan presente como presente es cada noche el dolor de no tenerte)




5 comentarios:

  1. Nectar son estas palabras que salen de lo mas profundo de tu ser.. las saboreo sin remedio..
    Me gusta mucho lo que escribes..
    Pero no me gusta que te duela

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  2. El dolor y el placer van íntimamente unidos. En combinarlos, afrontarlos y asumirlos reside la virtud.

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  3. Qué intensidad, Petrus, cómo me gusta ese sentir tuyo cuando amas de manera tan profunda se sienten derretidas tus palabras al leerte.

    Bellísimo tu texto.

    Besos.

    No puedo dejarte un comentario en la ultima entrada, no sé qué pasa, así que te lo dejo aquí.

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