martes, 12 de enero de 2016

Dentro de ti







Nervios, ansiedad, un torrente de emociones guardadas al por fin perfilar tu imagen ante mis ojos. Felicidad, certezas, confirmación de lo tantas veces soñado, lo acariciado en largas horas, días, noches de sensaciones antes sólo imaginadas. Ser por fin, estar, tener, acariciar, posar el beso primero allá donde siempre debió estar. Descubrir la mirada clara y limpia, casi cristalina de los ojos que me regalaron la imagen más noble y sincera que nunca pude soñar tras el primer roce de mis labios en tu mejilla.


Desnudo, libre de ataduras llegué a ti. Lo hice acompañado de miedos y temores.Tu imagen, la primera que percibí, me inundó por dentro de un enorme y desbordante sentimiento de felicidad. al tiempo que, temblando, admiré belleza, cercanía, dulzura en tu sonrisa, cariño, nobleza y amor, el tuyo en la delicada forma de bajar la cabeza y mirarme, el mío al no ser capaz de articular palabra al tiempo que, buscando tu mejilla, posar el símbolo de mi entrega ya absoluta por ti.


El amor que tantas veces nos regalamos hasta entonces paso a convertirse en certeza, en fe, en deseo y en luz, tu luz, la que tu figura -frágil en su primera apariencia, aunque dotada de una increíble fuerza interior, personal, equilibrada, bella- desprende a cada paso seguro, sutil y fuerte al tiempo. No pude evitarlo, los miedos, mis miedos, me acompañaron en mi primera tarde en ti. Te hablé de los silencios descifrados en tus letras, entendí tu compromiso de vida, el amor que ya sueño cada noche a tu lado; dibujé cada una de tus palabras, las hice mías, descubrí el tacto de tu piel, el leve roce de tus labios, la suavidad de tu pecho, el olor que aún conservo y que sueño permanezca por siempre en mí.

Tu cuerpo se abrió a mi como rosa en alborada, húmedo, caliente, tan sensual e intenso como tantas veces había soñado en mis horas sin ti. Tu boca descendió hasta mi sexo tomándolo, bebiéndome mientras mis manos acariciaban tu pelo. Percibí tu calor, tu entrega, abrí levemente tu flor para hacerla mía; encaramada a mis piernas hasta dejarme sin aliento tus besos se mezclaron con los míos, tu abrazo me transportó como tus letras hacen cada noche a tu playa.

Senti tu sabor en el mío, mi sexo encendido se abrió paso invadiéndote, llenándote, mezclando mi esencia a la tuya; violentamente nuestros cuerpos se hicieron uno desgarrándose, dándose sin reparar en tiempo, plazos o distancias; tus manos dibujaron mi espalda, tu pecho endurecido se aferró al mío, mientras gemidos de placer acompañaban nuestra urgencia por tenernos.






2 comentarios:

  1. Cada noche, mi cuerpo se transporta a tu lado...

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