sábado, 7 de noviembre de 2015

Tu encuentro










A un lado de aquel sendero, empedrado y hostil, halló el viejo peregrino una flor pequeña y frágil, blanca, radiante. Su olor y belleza envolvió a aquel loco de tal manera que supo ya desde entonces nunca le abandonaría. Sin apenas cuidado, pues nunca supo ni sabe el zafio embarbado de atenciones y delicadas maneras, puso el caminante aquel bello regalo entre blusón y pecho, espacio en el que con el tiempo aquella pequeña flor, blanca, frágil y radiante, pasó a forma parte de su caminar en vida y aun más, convirtiéndose en el más bello de sus sueños.

Su olor le despertaba cada mañana, acompañándole después al caer la tarde. A su lado aprendió a querer, respetar, comprender y amar y lo hizo con tanta intensidad que, hoy, cuando el camino aún es para ambos senda en pesadas huellas marcada, su blanca pureza, su voz, aquel olor primero y el que en su pensar regresa cada día, le invita a seguir, aprender, levantarse y andar...

6 comentarios:

  1. No tengo palabras para expresarme, es precioso

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  2. Hermosas palabras.. Me sacaron lágrimas...creó que la flor también necesita al caminante.. Es un sueño compartido..

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. quando pelo caminho encontramos o verdadeiro .... ele nos toma de maneira que nunca esquecemos e nos fazemos completa mesmo com a distância

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