lunes, 16 de noviembre de 2015

Pensándote...








Te imaginé a mi lado, recordé tus besos, tus caricias, tu voz entregada y cercana, mi cuerpo vivió cada momento, cada instante, cada tiempo en que saberte mía, mi sexo se hizo tuyo. Imaginé tus manos en él, tus labios, tu lengua que suavemente me devolvió placeres olvidados. Cerré los ojos y mientras mis manos comenzaban a recorrerme, eran las tuyas las que me tocaban, tu pecho el que besaban mis labios, tu sexo el que se humedecía conmigo.

Al ritmo de mis dedos sentí tus primeros gemidos, mis labios abriéndote poco a poco al tiempo que mi lengua recogía todo lo que tu cuerpo generaba. Mi excitación era entonces ya tan grande que lentamente comenzé a pensar que eras tú la que con su movimiento me hacía estremecer, mis manos se movían alrededor de mi sexo y en mi mente era el tuyo el que me recibía, dentro de ti, invadiéndote, entrando y saliendo de tu cuerpo, al mismo ritmo, lenta y acompasadamente. Tu voz entrecortada me susurraba, me llamaba, me invitaba incitándome; mi respiración se aceleró, escuché tus gemidos de placer, se sumaron mis miradas a las tuyas y tus ojos se clavaron en los míos, tu espalda se arqueó mientras un escalofrío visceral la recorría; ya mis manos subían y bajaban casi sin control abrazando mi sexo mientras imaginaba tu boca, tus piernas rodeándome, tus caderas, tu ombligo humedo y salvaje retándome.


Te vi sobre mis muslos, cabalgándome, sentí cada uno de tus espasmos mientras me notaba cada vez más dentro de ti, húmedo y caliente, agarraste entonces mi cintura temblorosa subiendo luego a ofrecer a mis labios tu dulce néctar; sentada sobre mi te bebí mientras nuestros cuerpos temblaban entregados al momento, al húmedo momento de tenerse. Casi sin darme cuenta descendiste hacia el arco de mis muslos tomándome de nuevo, resultándome ya muy difícil contener lo que deseaba ofrecerte, imaginé tu boca recibiéndome en el momento en que mi sexo explotaba entre mis manos, intenté sin éxito prolongar el instante en que abierta a mí tu lengua limpió dulcemente todo lo que, después, ofreciste a mis labios brindándome la salada comunión de mi húmedo torrente, brindis compartido el que tu boca, dulce, húmeda y caliente me regaló mientras abrazado a tu espalda renací entre pasos de ternura.


Tu espalda, sobre la que en mis sueños se dibuja la fina línea que marca el camino al más bello e intenso de los regalos, se recostó entonces sobre mi pecho dando cobijo entre tus nalgas a mi sexo, exhausto y deseoso de tomarte de nuevo. Dormías.

2 comentarios:

  1. Una espalda donde se dibuja las marcas del deseo y la intensidad del placer.

    Un beso dulce de seda.

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