jueves, 26 de noviembre de 2015

Invadiéndote








Aquella habitación, los viejos muros de la eterna y sacra ciudad vieja cómplice de nuestra noche, tu entrega, tu cuerpo amarrado dándose sin más límite que el tiempo, la desesperada forma en que el mío se hizo tuyo; tus besos, las palabras que entonces me regalaste y aún ahora cada noche revivo; tus manos una vez liberadas arañando mi espalda, tus piernas apresándome, tu néctar empapando mi sexo, el mío invadiéndote, el sabor en tus labios al compartir mi esencia, la tuya que vuelve cada amanecer a los míos. Sumando tu cuerpo al mío, renaciendo en ti, reptando hasta tus labios, apresando tus manos y llevándolas a mi volcán oprimiéndolas contra mi carne ansiosa. Ardiendo mi lengua en las oscuras rosas de tu pecho, mis piernas estrangulando el último aliento de tu boca al beberme. Sobreexcitada, espoleada con deseo urgente en la avidez de tus caderas, penetrada, forzada, húmeda, caliente al extremo y deseosa de darte a tu único Señor.

1 comentario: